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Cuentan que las viejitas desaparecieron de un modo raro. Un
día iban las siete en fila, caminando con sus quitasoles, por
el camino de Bayajá . Iban de compras al pueblito y dicen que,
como eran muy viejitas, iban las siete juntas para ayudarse.
Dicen que ese día hubo ventarrones muy fuertes. Dicen que ventarrones
como nunca. Dicen que los pinos se doblaban hasta tocar la tierra
y que los eucaliptos se partían como palillos de dientes. Y
hay quien dice que ese viento era tan fuerte porque venía a
llevarse a las viejitas agarradas a las sombrillas. Y dicen
que subieron al cielo como si las sombrillas fueran paracaídas
que en vez de bajar subieran. Dicen que había viejos que decían
que subían y subían y cada vez se veían más chiquitas. Y dicen
que ya en el cielo se apearon en una nube, y como ya no les
hacían falta las sombrillas, las tiraron para abajo y aparecieron
en el camino, abiertas y en fila.
Primero la amarilla, después la roja, después la blanca, después
la violeta, después la rosada, después la verde y después la
naranja. Dicen que parece que se apearon por orden, porque las
sombrillas aparecieron en fila, según la edad de quien la usaba,
y la de la más vieja estaba primero.
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Eso dicen que lo explicó una vieja que era amiga de ellas
y sabía cual era la edad y la sombrilla de cada una. Alguien
dijo que las viejitas habían tirado las sombrillas para
que si alguien quería subir le fuera fácil. Pero dicen
que la gente ni tocó las sombrillas, porque decían que
al cielo se iba en globo, en dirigible, en avión o en
una nave espacial, ¡pero en sombrillas! ¡no! ¡nunca!.
Dicen que nadie se atrevió a tocar las sombrillas no
fuera a ser que levantaran vuelo y después, ya en el aire,
no pudieran soltarse.
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